 |
|
La incontinencia es la
pérdida involuntaria de orina producida en un momento
y lugar no adecuados.
Este hecho supone para la persona que lo sufre un problema
higiénico, social y psíquico y una importante
limitación de su actividad laboral, educacional,
familiar e individual.
La incontinencia es un síntoma común
que se presenta en diferentes enfermedades, afectando
a todos los grupos de población, edades y a ambos
sexos, aunque es más frecuente en mujeres
que en hombres.
|
En España el número de personas incontinentes
se aproxima a los dos millones.
La frecuencia, gravedad, connotaciones psicosociales y económicas
de los diferentes tipos de incontinencia les individualizan
en grupos claramente diferenciados.
Estos colectivos, en muchos casos, corresponden a sectores
sociales que por sí mismos y por las consecuencias
de su afección tienden al aislamiento.
Así, mujeres, ancianos, niños y pacientes neurológicos
presentan ante la incontinencia no sólo un problema
médico y social objetivo, sino también un daño
importante subjetivo a nivel psicológico.
La incontinencia es la consecuencia de una enfermedad y no
una enfermedad en ella misma, este hecho resulta directa e
indirectamente negativo para su conocimiento y solución
ya que la incontinencia urinaria no es constatada en ningún
registro; y por lo tanto, imposible de individualizar como
proceso patológico.
En la actualidad se está trabajando para que la Organización
Mundial de la Salud reconozca a la incontinencia
como una enfermedad y no como una alteración del estado
de salud que es la condición actual. Esto conllevaría
un mejor conocimiento por su difusión, inclusión
en programas de docencia, campañas de información...
La mujer incontinente, el niño que se orina en a cama,
y el anciano que no puede retener su orina, tienen mucho en
común pues, a pesar de pertenecen a grupos muy diferenciados,
todos ellos viven con vergüenza esta afección
que “esconden” y tratan de ocultar y por ello
alteran su mundo de relación y de actividad.
|